viernes, 18 de noviembre de 2011

Era un día de invierno, siempre tuve ese amor por los días plateados, aunque gracias a eso pareciera una viejita con la cara arrugada, como no tenía mucho que hacer, pesqué mi abrigo y salí a caminar, solo para tratar de olvidar toda la pena que llevaba desde que él me dejo. Me deje llevar por el sonido de la música y sin darme cuenta estaba ahí parada en aquel lugar donde solíamos ir a pasar nuestros ratos libres, era el lugar más hermoso pues era nuestro. Cerré mis ojos y un fatal suspiro ahogaba mis penas, cuando oí aquella voz, sí era su voz, diciendo mi nombre quizás por última vez.
-Hola Betth -Dijiste con un tono seco. -Pensé que no te volvería a encontrar en este lugar nunca más.
-Hola -te dije casi sollozando en un intento absurdo por controlar las lágrimas. ¿Qué haces aquí? Pensé que este sería el ultimo lugar al cual vendrías
-Pues ya vez -dijiste con ese tono que tanto amaba.
Un fatal silencio que pareció una eternidad se hizo presente hasta que atine a decir algo para romper aquel incomodo silencio.
-Bueno creo que es momento de marchar, están cayendo unas gotas y no tardará en ponerse a llover.
Mientras empezaba a caminar, la lluvia se hizo un poco más fuerte para mi fortuna, ya que estaba haciendo un intento por no derramar ninguna lágrima, y por fin pude soltar aquellas lágrimas que estabas triturando mi garganta y mi corazón.
-Espera -Me gritaste pensando que volvería a hacerte caso como hace un tiempo
-Lo siento es muy tarde, llueve muy fuerte y debo llegar a casa antes de las 6 adiós -Hice el gesto técnico con la mano sin ser capaz de darme vuelta para mirarte a los ojos, no quería que me vieras derrotada otra vez.
Mientras caminaba me tomaste del brazo con tal firmeza que sentí que los huesos se me romperían, hice un intento absurdo por soltarme de tus manos, pero eras mucho más fuerte que yo.
-Dime por qué huyes, acaso ya no me amas?, donde quedo todo ese amor que prometimos -Decías mientras escuchabas mi llanto que ya era incontrolable
-Sabes porque corro?, pues porque así todo es más fácil, dime de que me sirvió amarte tanto, de que me serviría si al final lo único que terminaría hecho añicos sería mi corazón, como ha sido durante toda nuestra historia, pude soltarme de tus brazos y salir corriendo, mientras sentía que las piernas se me volverían polvo, pero sacando fuerzas de flaqueza corrí lejos de ti, deseando volver a tus brazos, pero por primera vez no le hice caso a mi corazón

No hay comentarios:

Publicar un comentario